La vida es sueño, por Pedro Calderón de la Barca

Jornada tercera

Escena I

Sale CLARÍN.

CLARÍN

En una encantada torre,

por lo que sé, vivo preso.

¿Qué me harán por lo que ignoro,

si por lo que sé me han muerto?

¡Que un hombre con tanta ha[m]bre

viniese a morir viviendo!

Lástima tengo de mí.

Todos dirán: «Bien lo creo»,

y bien se puede creer;

pues para mí este silencio

no conforma con el nombre

Clarín, y callar no puedo.

Quien me hace compañía

aquí, si a decirlo acierto,

son arañas y ratones.

¡Miren qué dulces jilgueros!

De los sueños desta noche

la triste cabeza tengo

llena de mil chirimías,

de trompetas y embelecos,

de procesiones, de cruces,

de disciplinantes; y éstos,

unos suben, otros bajan,

unos se desmayan viendo

la sangre que llevan otros.

Mas yo, la verdad diciendo,

de no comer me desmayo;

que en esta prisión me veo,

donde ya todos los días

en el filósofo leo

Nicomedes, y las noches

en el concilio Niceno.

Si llaman santo al callar,

como en calendario nuevo,

San Secreto es para mí,

pues le ayuno y no le huelgo;

aunque está bien merecido

el castigo que padezco,

pues callé, siendo criado,

que es el mayor sacrilegio.

(Ruido de cajas y gente, y dicen dentro:)

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