Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Primera parte

XV

Casos en que poblar es asolar

"Aquí he oído, dice Luz del Día, que gobernar es poblar. El axioma puede ser verdadero en el sentido que poblar es desenvolver, agrandar, fortificar, enriquecer un país naciente; poblar es educar y civilizar un país nuevo, cuando se le puebla con inmigrantes laboriosos, honestos, inteligentes y civilizados; es decir, educados.

"Pero poblar es apestar, corromper, embrutecer, empobrecer el suelo más rico y más salubre, cuando se le puebla con las inmigraciones de la Europa atrasada y corrompida.

"Aunque la Europa sea, lo que hay de más civilizado en la tierra, no es civilizado por eso todo lo que es europeo. La Europa abriga en sus entrañas, bajo el esplendor de sus mismas capitales más brillantes, millares de salvajes y bribones de peor tipo que los peores indígenas de América. Los 'Pampas', están en París; la 'Patagonia', en Londres. Para no emplear sino un argumento 'ad hominem', por ser de todos conocido; 'Tartufo', 'Gil Blas', 'Guzmán del Alfarache', 'Don Juan Tenorio', ¿son acaso emigrados venidos de China o de Australia? ¿o son más bien los pobladores que la América debe a la Europa más civilizada?

"Gobernar es poblar; pero poblar es un arte, una ciencia, el arte, la rama más importante de la ciencia del gobierno, que es la economía política, es decir, la economía discreta, juiciosa, que no comete la impolítica de contundir la población mala con la buena, despoblando en vez de poblar; porque envenenar un país física y moralmente, es despoblarlo y hacerlo retroceder más atrás de la barbarie. El gobierno tiene un poder eficaz de selección en materia de población. No con reglamentos y prohibiciones de que se burla la naturaleza de las cosas, sino con diques, con obras, digámoslo así, como las que cambian las corrientes naturales de los ríos y de las aguas más libres.

"El arte de poblar, tiene su gran secreto en el arte de distribuir la población en el suelo que debe recibirla, por incentivos naturales y sin hacer violencia a los libres instintos de los pobladores.

"El arte de poblar, no es poblar lo que está poblado, sino lo que está desierto. Hacer que el desierto prometa al poblador, lo que no le dará la ciudad, es el arte del gobierno que sabe poblar. Los reyes de España obligaban a los pobladores de América a concentrarse en las ciudades para mejor tenerlos bajo su obediencia despótica, y los liberales de América imitan a los reyes de España, asimilando a la 'barbarie, la vida de las campañas'. Adam Smith, que sabía un poco el arte de poblar, al doble título de inglés y de economista, no era tan enemigo de los campos como algunos civilizadores americanos.

"El arte de poblar la América del Sud, con las poblaciones laboriosas de la Europa del Norte, es poblar la tierra americana que corresponda por el clima, la tierra europea de los Puritanos que plantaron y aclimataron la libertad y la industria en la 'Nueva Inglaterra'. En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes, que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas con alemanes, ingleses y suizos? No son las razas de Gil Blas, ni de Basilio, ni de Tartufo, las que han de poblar ni mucho menos civilizar esos países de la América fría y austera por el clima. La América que da frutos sin trabajo y sin cultivo, será poblada por ociosos y por esclavos, explotados por otros ociosos usurpadores.

"Dichosos los pueblos que tienen por morada un suelo pobre; ellos serán como la Prusia, como la Holanda, como la vieja Inglaterra en Europa y la nueva Inglaterra en América. Todo está compensado bajo el sol: el suelo pobre produce al hombre rico. ¡Desgraciados pueblos los que habitan un suelo que produce sin cultivo! Ellos serán como el Egipto, el Asia Menor, la India, la América tropical. El ocioso, es decir, el pobre, nace entre el plátano y la caña de azúcar. Gil Blas y Basilio son frutos naturales de la tierra que produce el jazmín y el naranjo. Aviso a los legisladores de las tierras de promisión."

Dándose a estas reflexiones generales, cedía olvidada Luz del Día, a sus hábitos sedentarios de estudio, que tenía en Europa, sin acordarse que estaba en un mundo que debe estudiar "d'après nature", y del cual no conocía directamente hasta ese momento sino a Tartufo, es decir, a la mentira interesada tal vez en extraviar y perder a Luz del Día, desde sus primeros pasos, en las simpatías de América.

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