Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Segunda parte

IV

Papel de Fígaro en Sud-América

-Por lo que toca a Fígaro -dice Tartufo- la cosa es diferente, como convendrá Luz del Día. Fígaro es el reverso, la antítesis de Basilio, sin ser por eso la virtud. Si el uno es la intriga en favor del despotismo, el otro es la intriga en favor de la justicia. Los dos intrigantes expresan el antiguo régimen, y a este título los dos viven de incógnito en las Américas del siglo XIX. Pero aquí el terreno de sus intrigas es más vasto. No es, como fue en Europa, la familia propiamente dicha; es el de esa otra gran familia que se llama Estado; es el terreno de la política, no el terreno del amor, o al menos es el del amor de la libertad, no el amor de la mujer. Si tuviese que ganar su vida en la venta de mujeres, Fígaro se moriría de hambre en América, porque la libertad de ese comercio ha hecho de todo sirviente negro y viejo, una especie de Fígaro.

"El conde de Almaviva, para Fígaro en América, es el pueblo oprimido y explotado por los tutores, que quieren desposar a su víctima contra la voluntad de ella. Su Rosina americana, es la libertad en pupilaje. Su Bártolo, es el gobierno vetusto y opresor, que tiene en tutela a la libertad y vive de su explotación. Basilio es el hombre de los Bártolos que vive del despotismo; Fígaro es el hombre del conde de 'Alma-América' y de la libertad, que es la Rosina a quien su amante soberano busca para esposa. Fígaro es el feliz patrón de estos santos amores. Por esa razón no puede ser desagradable para Luz del Día, pues sus intrigas deben tener a sus ojos la disculpa del objeto. Es cierto que esto basta para que Basilio redoble su rencor a Luz del Día."

-Eso es verdad hasta cierto grado -dice Luz del Día-; pero la intriga, aunque sea noble en su objeto a veces, es al fin intriga y falsedad, y en este sentido, Fígaro mismo no me llena del todo. ¿En qué disfraz vive Fígaro en América? - pregunta Luz del día.

-Tiene varios -responde Tartufo- aunque todos pertenecen a la política; los principales son, de escritor, publicista, diputado, orador, hasta soldado, hasta médico, hasta clérigo, cuyo último disfraz tiene para él la ventaja de evitarle toda confusión con Basilio, que ha colgado la sotana. Su barbería política es la prensa, donde hace la barba a todos los Bártolos, para dar facilidades al contacto de la Libertad con el pueblo. Luz del Día tiene razón: en los países libres no hay Fígaros, porque no hay Bártolos. Fígaro es un triste pero necesario soldado de los pueblos menores de edad, aunque soberanos, que viven en tutelaje compatible con la soberanía, así en lo político como en lo civil. Fígaro es el liberal favorito de Sud-América. Es la crítica consolatoria del mal que no se puede remediar de pronto. En los Estados Unidos falta Fígaro porque allí no hay Bártolos. Bártolo habita en la América pupila por excelencia, que es la "América Hispano-Latina", bajo el incógnito de gobierno y gobernante. Si no hubiera pueblos menores de edad, en la inteligencia y manejo de sus propios destinos, no habría Bártolos, ni Basilios, ni Fígaros, ni condes de Almaviva, ni comedias de libertad. La vida política, que es toda una comedia, cuando los pueblos son menores de edad por su inexperiencia, sería una realidad en Sud-América, como lo es en la América del Norte, si el pueblo en el Sud, estuviese tan maduro como lo está en el Norte. Si es verdad que la comedia, como espejo de la vida, corrige las costumbres, y sirve a la educación de los pueblos, Fígaro es una especie de monitor de la América "libre de palabra", que espera serlo "de hecho".

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