Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Primera parte

XX

Los números son la mentira

-Si Luz del Día no quiere ser desterrada de América, guarde estrictamente su incógnito; haga como yo hago -dice Tartufo.

-¡Es decir, que me haga hipócrita para no ser desterrada, como fueron los jesuitas! -observa Luz del Día.

-Yo no quiero recordar pleitos antiguos. Pero el destierro de los jesuitas de América, fue una máscara con que se cubrió otro jesuitismo peor todavía que el de los jesuitas de gorro colorado, que por su instinto, asesinan a la Verdad en nombre de la Verdad: el de los jesuitas pardos, como el portugués Pombal y otros, que ejercían su liberalismo en nombre de la autoridad absoluta de su tiempo.

"El disfraz y la duplicidad son tan esenciales garantías de seguridad, en este mundo llamado de libertad, que Luz del Día se compromete mucho con solo llevar un nombre transparente. Su nombre la disfraza, como un manto de encaje finisímo, ocultaría la desnudez de su cuerpo. Menos conocible estaría si se llamase simplemente doña Luz, sin añadir si es del día o de la noche. Este nombre tiene la ventaja diplomática de ser muy usado por mujeres aldeanas, que son la personificación de la oscuridad por su ignorancia."

-Yo lo pensaré -dijo Luz del Día, abrigando alguna incredulidad.- Si la verdad estuviese proscrita en un modo tan absoluto, las matemáticas estarían comprendidas en el destierro, y los números no mienten -observó Luz del Día.

-¿Los números no mienten? -pregunta Tartufo- ¿Qué dirá Luz del Día si la aseguro que los números son aquí los instrumentos favoritos de la Mentira por lo mismo que pasan por ser la lengua de la exactitud? La estadística es la mentira elevada al rango de las ciencias exactas, y la contabilidad es la linterna mágica con que el crédito hace entrever a los prestamistas las maravillas, que los tientan a desatar sus bolsas. Para el crédito inteligente, el arte de contar, es el arte de mentir por la lengua de los números. El sabe que "dos" y "tres" son cinco; pero llamando "cuatro" a lo que es "dos" y "seis" a lo que es "tres", él consigue demostrar "con la exactitud de los números", que "seis" y "cuatro" no son diez, sino cinco. Sumados tal dos, con tal tres, aritméticamente son diez, verdaderamente son cinco. Los dos tienen razón: las matemáticas y la verdad. Con este modo de manejar la lengua de los números, nuestros presupuestos jamás dejan de presentar sobrantes, acompañados de "déficit", que exigen empréstitos, nunca aplicados a cubrir los "déficit", sino supuestos trabajos de pública utilidad. Nuestras estadísticas nos llenan de poblaciones y rentas, que según la autoridad inexorable de los números, son como "mil", cuando en realidad de verdad son como "cien"; nuestras cuentas públicas demuestran con cifras aritméticas la inversión legal del último centavo de la renta, que la realidad demuestra disipada entre diez explotadores de la patria. Todo el arte de esta aritmética de magia descansa en una mera concesión: en que el número 2, por ejemplo, se haga pasar por número 4 y el 4 por 14. Con esta simple precaución, la lengua de los números viene a ser , la lengua de la mentira histórica, sin dejar de ser la lengua de la verdad matemática."

Preocupada tristemente Luz del Día, deja en silencio proseguir a Tartufo, para ver hasta dónde lleva la inmoralidad del sofisma.

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