Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Primera parte

XXXIV

Prosiguen las reglas de Basilio sobre el modo de explotar una Legación

"Por lo demás, prosigue Basilio, sabido es que el más rico e independiente sudamericano se tiene por muy favorecido en recibir la delegación de un servicio de espionaje, que el ministro que se lo da cuida de decorar graciosamente con el nombre de 'pequeña comisión diplomática'; y por muy feliz se tiene el así honrado en burlarse de la fe que debe a los que se le abren creyendo hablar con un caballero en conversación privada. No me cansaré de repetir, dice Basilio, con cierta importancia, que el mayor obstáculo de un buen diplomático, es la preocupación que se llama 'honor'. Para deshacerse sin inconveniente de este estorbo, se debe conseguir a todo precio una o dos condecoraciones, y coserlas a sus ojales hasta en la camisa de dormir, de temor de que la Verdad los sorprenda desnudos y los reconozca en su identidad de basilianos.

"El medio natural y obvio de tener una condecoración, es pedirla. Jamás un republicano de América la obtuvo en Europa sin pedirla. Pero importa no olvidar, que hay modos de pedir. Hay cosas que no se piden, sino dando, (y al decir esto, echó Basilio una mirada indecente a Luz del Día). Esta diplomacia, la conocen no solamente los amantes, sino los mendigos, el pordiosero da un ramo de flores, para pedir algunos sueldos. El limosnero musical, pide por las melodías de un órgano de Berbería, un pequeño socorro monetario. El diplomático puede estar seguro de tener el mismo éxito, siempre que cuide de imitar estos modelos. ¿Qué ofrecerá? ¿Qué dará? Este es un campo tan vasto como el del comercio, con sus innumerables mercancías destinadas al intercambio; pero todas se representan por un común denominador, que es el 'deshonor'. Con este auxiliar poderoso, los recursos del diplomático son ilimitados. Debe, pues, empezar por procurárselo. El medio más pronto y seguro de cambiar ese honor indefinible y fantástico, que tanto cuesta, sin estar jamás seguro de guardarlo, por un honor material, positivo, visible, fijo, que se toca y palpa, como el de una condecoración, es poner los plenos poderes que le confió su gobierno, a la disposición y servicio del gobierno extranjero, cerca del cual ha sido acreditado. Y si ése no los necesita, se busca otro que los necesite, con tal que pueda dar condecoraciones. Poco importa que la condecoración sea amarilla, azul o colorada. Todas las condecoraciones son iguales ante los ojos de un buen republicano: él se descubre ante todas igualmente. Si el gobierno extranjero o aliado, le hace el honor de constituirle su plenipotenciario confidencial y secreto, contra su propio gobierno, tanto mejor para el diplomático, porque entonces es dos veces ministro, tiene doble sueldo, doble poder y doble seguridad de no ser removido, porque él mismo cuida de hacerse recomendar del uno al otro, por las dos partes contrarias, que representa y sirve a la vez con igual lealtad.

"No es el todo asegurar un empleo. Es preciso saber explotarlo sin esperar a asegurarlo, en sus ricos y fugaces privilegios. El verdadero secretario de una legación bien tenida debe ser su ecónomo o mayordomo; y el ideal del mayordomo diplomático debe ser un pulpero trasteverino. Una legación es al fin una casa de negocios o de negociaciones o de negociados o de un encargado de negocios, que todo viene a ser equivalente. El diplomático que después de saber retener por muchos años su empleo, no sabe sacarle al mismo tiempo una fortuna, puede decir que me merecerá su destitución por inhábil. Su país no dejará de darle el premio que merece: el olvido nacional, en pena del olvido de sí mismo. La traición a la patria puede ser perdonada, pero la traición a su propio bolsillo es un crimen que no perdona el patriotismo de hoy día. No hay más que un medio seguro de asegurar la gratitud del país, y es el de asegurarse una gran fortuna a sus expensas, en el desempeño de un empleo elevado. ¡Es lo que un diplomático no dejará jamás de hacer, dice Basilio con firmeza, si es verdadero diplomático!

"¿Dónde tomo, dónde busco yo mi enviado extraordinario? cuestión capital para el éxito de su misión, es decir, para ser enviado vitalicio, u ordinario después de ser extraordinario."

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