Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Tercera parte

XVII

Si es posible dirigir las corrientes de las emigraciones

"¿Quién ha llevado, quién llevará a cada Europa en cada América? El que ha formado las corrientes de los mares y de la libertad: el poder de las cosas, que rige el poder de los gobiernos.

"La geografía y sus facilidades, la identidad de sus creencias, de costumbres, de idioma, de raza o dirección, la presión de la historia, el yugo de lo pasado, harán a ese respecto lo que no pueden hacer ni evitar los decretos de los gobiernos.

"Sin embargo, el poder de los gobiernos puede ser eficaz en eso mismo, cuando ellos gobiernan con el poder de las cosas, modificado por el arte de la política, como el mecanismo es fuerte y poderoso sobre la materia inerte, no por su propias fuerzas, sino porque sabe servirse de las fuerzas naturales gobernadas por las leyes de la mecánica que le son familiares.

"Si la acción de los gobiernos fuese impotente del todo para lo que es atraer a una Europa, más que a otra, en Sud-América, no tendrían razón los que les aconsejan cerrar las puertas del hemisferio del Sud a la entrada de la influencia y de la raza anglo-sajona. Si es posible excluirla, con doble razón debe ser posible atraerla, porque para esto no hay sino que dejar libre curso a su poder de dilatación.

"En los dos polos existe el frío, y la libertad puede encontrar su temperamento en ambos hemisferios. Los franceses, más meridionales quo los ingleses en Europa, poblaron la América más septentrional de su raza latina, que hoy practica la libertad anglo-sajona en el Canadá. Los ingleses, más septentrionales que los franceses en Europa, se instalaron al Sud de los franceses en Norte América, y el calor de las bocas del Mississippi y del golfo mejicano no les impide practicar la libertad de su raza, en el suelo antes latino de la Florida, Nueva Orleans y Tejas. Los holandeses, más septentrionales en Europa que los Españoles y portugueses, pasaban por delante de España y Portugal para ir a poblar la Nueva Holanda, en la parte austral del Asia; y al lado del despotismo asiático, abonaban la tierra de Australia, en que florecen hoy día las libertades sajonas.

"Todos esos progresos de la libertad, en América y en el mundo austral, han sido la obra de los gobiernos obedientes a la naturaleza de las cosas; pero, es verdad, de los gobiernos europeos.

"¿Qué podrían hacer a este respecto de los gobiernos de Sud-América, que lejos de gobernar a las corrientes naturales son gobernados por ellas? Nada, o muy poco, con su poder propio; mucho con su poder auxiliado por los gobiernos europeos. La acción unida de los dos mundos, en este sentido de interés recíproco, debe ser todo el objeto de la política exterior de América, empleada en servicio de su política interior, que se reduce, en el fondo, a educar al pueblo de Sud-América en el arte y en la práctica del gobierno interior de sí mismo (en que consiste toda la libertad moderna y verdadera).

"Sud-América debe hacerse poblar de preferencia por la Europa del Norte, si aspira a ser libre y rica. Debe buscar su educación y desarrollo liberal en el trato saludable y fecundo de la Europa del frío. La Europa del Sud no necesita ser llamada; vendrá sin que la busquen mediante la corriente ya formada, por la acción de los siglos; y si no debe jamás excluirla por sistema, tampoco debe buscarla por alicientes sistemados.

"Las corrientes de las emigraciones humanas son como las emigraciones o corrientes de las aguas: unas son naturales, como los 'ríos'; otras son artificiales, como los canales. No por eso los canales son menos útiles que los ríos, para poblar de gentes y de vegetales los terrenos antes solitarios y yermos, que atraviesan."

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