Peregrinación de Luz del Día, por Juan Bautista Alberdi

Tercera parte

XXIII

La libertad es una carga, no un placer

"El ejercicio de la libertad o poder, que el país se reserva para garantirse del poder que delega, es todo labor y ocupación continua, de carácter enojoso.

"Ser libre es vivir ocupado día y noche de los intereses comunes y generales, en que están vinculados los privados. En este sentido, es muy cierto decir que la libertad es 'virtud', pues su gestión laboriosa se acerca más al sacrificio que al placer. Si el gobierno de sí mismo en lo privado es laborioso, ¿cómo dejaría de serlo el de los intereses propios, de carácter general y público? La libertad es una carga, un peso, una tarea: no es un deleite. Pero es la carga agradable, que se impone gustoso el que fomenta su tesoro. Ser libre y liberal, no consiste en cantar canciones de libertad, ni en escribirlas, ni en echar maldiciones al gobierno, ni en insultar a los poderosos, ni en pronunciar calurosos brindis y discursos energúmenos contra el despotismo. Es dar, sin ruido ni aparato, su tiempo y su labor, en el puesto que a cada uno toca, a la colaboración de la obra común, exigida por el bien general de la patria. La vida del hombre libre es más seria que agradable; dista menos del silencio austero del templo que del bullicio profano del teatro.

"Para conservar entero este poder, que el país se reserva en garantía del que delega, debe ejercerlo incesante, y continuamente. Lo mismo es dejar de ejercerlo por un día que empezar a perderlo hasta no ejercerlo absolutamente.

"Así es otra condición esencial de la libertad la de que el país intervenga sin interrupción en la gestión de su gobierno, sin abstenerse jamás; porque abstenerse es abdicar su libertad; es entregarse a manos de los que no se abstienen; es poner la libertad del país y la libertad de cada uno en poder de los hombres o del partido que gobierna. Los que se abstienen de intervenir en la política de su país, pierden el derecho a quejarse de que son despotizados, porque son ellos mismos los que se dan el déspota de que se quejan. En este sentido es indudable que el despotismo vive en el pueblo abstinente y flojo, no en el déspota erigido por esa flojedad. La abstención de la vida política, lejos de probar buen juicio y sensatez; prueba imbecilidad, incuria, vicio y degradación.

"También es indudable que si la abstención en general es un suicidio, la no abstención en casos dados es una prostitución. Abstenerse en Sud-América, es a menudo dejar sus destinos en manos de los pícaros; pero mezclarse en la política, es a menudo enterrarse en la basura de su país. Hay un tercer partido que tiene un pie en la abstención y otro en la política. Este es el peor, pero es el más seguido, porque se impone por dos fuerzas irresistibles, aunque contradictorias: el interés de su dignidad, y el de la preservación de su vida y bienes. La gente honrada en Sud-América está embarcada en un buque de piratas: el que quiere vivir y valer algo, tiene que contemplar a los capitanes de la nave. El pirata, sin embargo, no le impedirá llegar a puerto, a condición de no abstenerse.

"En otros tiempos ya pasados, abstenerse de la vida pública era dejar sus destinos personales en manos de un caballero ignorante y caprichoso, pero al fin caballero más o menos honrado, que era el rey absoluto y omnímodo. En esta época de democracia abstenerse es entregar la suerte de su persona, de su familia y de su país en manos de las lavanderas y de las mujeres del mercado, que son las que gobiernan a sus maridos, los zapateros, los albañiles, los obreros en general, ciudadanos tan activos como ignorantes, que son los que poseen y merecen el poder, porque lejos de abstenerse, son los primeros y únicos que intervienen en la política del gobierno común de su país, desgraciadamente no para dar su voto, sino para venderlo al mismo gobierno existente, que lo paga con el dinero de los abstinentes, para perpetuarse en el puesto que debe a la miseria de los pobres y a la imbecilidad de los ricos.

"El que renuncia a ejercer su libertad, no renuncia a un placer; renuncia a su propiedad privada, a su honor, a su hogar, a todo lo más caro que el hombre posee en la tierra, pues la libertad o la intervención del ciudadano en la gestión de la política o el poder colectivo del país, no tiene más objeto en último resultado, que asegurar y garantir aquellos beneficios.

"Si la libertad no tuviera este valor y sentido, no pasaría de un entretenimiento de vanidad juvenil, o de un medio fraudulento y fácil de hacer fortuna sin trabajo. Lejos de pertenecer preferentemente a los jóvenes, a los aventureros y a los pobres, que son los que más la invocan, son los ricos y los padres de familia los más interesados en poseer y ejercer continuamente la libertad. Su error consiste en verla siempre por su aspecto de poder y de gobierno y en no aceptar su ejercicio sino en esta forma. El papel más bello y fecundo de la libertad o del poder del país por el país, no es el del delegado, sino el del delegante; es el del propietario del poder soberano, no el del administrador del ajeno poder; es el del que manda, no el del mandatario; es el del poderdante, no el del apoderado. Ante el más encumbrado gobernante, el país es siempre su soberano. Este único soberano de una república gobierna sus negocios de dos modos, o mejor dicho, ejerce su gobierno por dos medios: uno indirecto, otro directo; por gobernantes de su elección y por sí directamente. Mejor entienden y practican los pueblos su dignidad de soberanos, cuando en vez de gobernar hacen gobernar, que no los reyes absolutos, cuando en vez de hacer gobernar, gobiernan ellos mismos, pues entonces obran como meros capitantes de buques o meros intendentes de su propio reino. Pero hacer gobernar de un modo digno, no es dejar gobernar hasta abandonar el gobierno para no ocuparse de él. Todo soberano (incluso el soberano pueblo) paga su pereza con su corona. Hacer gobernar, es vigilar, dirigir, inspirar, conducir y ésta es la alta función que el pueblo ejerce cuando practica la soberanía, que se ha reservado por la ley de sus leyes, para no perder su trono, ni los derechos de sus individuos." (Fin de la conferencia).

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